viernes, 2 de febrero de 2007

Con cara gana usted, con sello pierdo yo



Aunque la vida en general o el universo o el cosmos – cada quien sabrá como denominar el asunto – es un boomerang cargado de justicia, la cotidianidad es terriblemente injusta, casi siempre (para no hacer de puro paisa determinista): en las cosas de ya, en las que quiero ahora mismo, en las que deseo que sucedan en segundos, en las que se me ocurren en este mismo momento, suele atravesarse el fracaso. Si el asunto es que algo no funcione justo ahora, pues soy el primero de la fila.

En cuanto a mujeres, es posible que yo sea un poco pretencioso deseando que ellas comprendan ciertas situaciones de la vida cotidiana en su plena dimensión, sin darles trascendencia, sin llevarlas más allá, sin que las afecte. Si las llevas a la cama sin mencionarles absolutamente nada sobre tu poco interés por establecer una relación formal, terminarás siendo uno más que “me dijo mentiras, me engañó”, “si yo hubiera sabido que la cosa era así no habría llegado a ese punto”. En cambio, si les dejas todo claro, si planteas “antes de...” que no querés nada más que eso, si lo único que prometés es cama, pues resulta que también hay problemas: “que no más, que pare ya” y hasta ahí llega la noche, “que por qué no me has llamado” y hasta ahí llega la semana, “es que yo pensé que usted estaba prendo y no estaba hablando en serio” y hasta ahí llega el mes.

También existe el popular cliente, nada peor que un cliente porque de entrada él cree que sabe más que uno. El tipo no sólo tiene claro qué es lo que necesita, para qué lo necesita y cuánto tiene para hacerlo, sino que además sabe cómo se hace, dónde, cuál debe ser el formato, qué debe decir, qué colores tiene que llevar, lo sabe todo y eso es absolutamente desesperante. Pero, ¿para qué me contrató? No sé, ninguna de las propuestas que se le presentan le sirve, todas reciben su sabia corrección y cuando uno hace justo lo que él ha propuesto corregir y tal cual él lo dijo, el tipo ha cambiado de idea porque “pensándolo bien, así como que no va a funcionar (...) y se me ocurre que si juntamos la parte A de la propuesta 3 con la parte C de la propuesta 1 y la parte B de la propuesta 2, sale bien la cosa...” y termina uno haciendo una colcha de retazos tan fea, tan vergonzosa, que lo deja a uno en que cobra pero no pone su nombre por ahí ni a palos.

Pero no sólo las mujeres y los clientes lo convierten a uno en un fracasado, en un impotente, porque el campeonato se lo lleva un personaje que lo logra con creces cada vez que aparece: el funcionario público. Él es el drama colombiano de todos los días, nadie se ha salvado, nadie ha podido evadirlo, ni siquiera los mismo funcionarios públicos. Que “no es en esta ventanilla, es en la catorce” pero señorita si acá dice que esto se hace en esta ventanilla, mire... “ahhh si, pero es que eso cambió ayer y ya no es en esta ventanilla, es en la catorce” y la fila de la catorce es más larga que la que acabé de hacer. “No señor, es que todavía no estamos atendiendo ese trámite, vuelva en la tarde”, “Se cayó el sistema y no creo que hoy se atienda más y recuerde que los miércoles, jueves y viernes no hay servicio al público, así que regrese el próximo lunes...” o “pero el contador si le toca pagarlo a usted porque es su responsabilidad”... definitivamente como diría un amigo querido, son una plaga.

Al final, si se le mira sin detallar mucho, digamos que todo sale bien, pero definitivamente la vida cotidiana se complica demasiado con ciertas situaciones. Es posible que lo que yo este buscando es un mundo perfecto, mi mundo perfecto, y si, lo acepto, suena demasiado egoísta, es demasiado egoísta, pero es que también estoy convencido de que llegué a este lugar y en este momento a pasarla bien, a disfrutar de lo que me rodea, a tener los mejores días - uno a uno y todos juntos -. Por eso no dejo de soñar que algún día cuando tire la moneda con cara gane yo y con sello gane usted.

1 comentario:

Unknown dijo...

Juan... yo también busco mi mundo perfecto y sé de lo que hablas (obviando lo del asunto con las mujeres, aunque tengo mis propios ejemplos con los hombres, quienes tampoco son la mata de la comprensión!)... y sabes? creo que el fracaso está en nuestras vidas precisamente para ayudarnos a comprender "el precio de la felicidad" como le diría el Zorro al Principito.