Enredados: no entiendo por qué
Yo no sé si porque uno piensa mal de la gente o, simplemente, porque piensa, pero claro si está, no es porque uno sea tarotista, ni lector de bola de cristal, ni profeta. Es que la situación política del país está un poco golpeada y bueno, se va a poner peor. El mejor argumento para sustentar esa afirmación, sería un resumen de varios de los escritos que ya he publicado acá mismo.
Es que con este gobierno no vamos bien. Y no vamos bien porque, primero, es un gobierno legitimado por la mayoría de un pueblo narco-político-violento. Un pueblo que, además, asume la doble moral como un valor patrio tradicional más: un pueblo que cree a ojo cerrado en los gobernantes - en general, y que, particularmente, cree que en este Gobierno existe la decencia.
En segundo lugar, no vamos bien porque – como ya lo he dicho, respecto a otros asuntos - es un gobierno con mucho de discurso mediático y muy pocos hechos concretos en beneficio de los ciudadanos colombianos. Y yo, simplemente, insisto en que solo toca una fibra sensiblera para los colombianos, poniendo a la guerrilla de la FARC como el mal peor, cuando la guerrilla en Colombia, no es más que un mal menor, consecuencia de males mayores, de los que este gobierno no se ha ocupado, como la corruptela mafiosa de la política colombiana.
Pero, tercero, tampoco vamos bien, porque es que los valores se trastocaron y se construyen discursos de doble moral, con una perversión bárbara. Nos han convencido, por autoproclamación y no por hechos concretos, de que este es el gobierno de la transparencia, la anti-corrupción, la anti-roscocracia y muchos otros anti-defectos de la política tradicional colombiana. Pero eso es un absurdo. Recuerdo a muchos de mis cercanos furibistas diciendo que el señor Valencia Cossio (Fabio) “es un tramposo, un ladrón, un político corrupto como todos” y eso si, como por arte de magia, se convirtió en un tipo decente, honorable, respetable y hasta buena persona. Pero uno no entiende cómo un gobierno puede ser el anti-corruptela, cuando está conformado, con escasas excepciones, por los mismos políticos de toda la vida: Los Valencia de Antioquia, los Holguín del Valle, los Guerra de la costa, los Gaviria de Antioquia (los mismos del excongresista Pablo Escobar Gaviria), los Zuluaga de Caldas. O por los discípulos de ellos en las Universidades play de Colombia o en las Juntas Directivas de las entidades públicas bien manejadas del país o de las Juntas Directivas de las multinacionales benefactoras de Colombia o de las grandes empresas de los generosos y patriotas empresarios colombianos o, al menos, de los discípulos del culto de los pobres (sí, del opus dei). ¿Cómo puede un gobierno no ser corrupto con ese prontuario?
Es que con este gobierno no vamos bien. Y no vamos bien porque, primero, es un gobierno legitimado por la mayoría de un pueblo narco-político-violento. Un pueblo que, además, asume la doble moral como un valor patrio tradicional más: un pueblo que cree a ojo cerrado en los gobernantes - en general, y que, particularmente, cree que en este Gobierno existe la decencia.
En segundo lugar, no vamos bien porque – como ya lo he dicho, respecto a otros asuntos - es un gobierno con mucho de discurso mediático y muy pocos hechos concretos en beneficio de los ciudadanos colombianos. Y yo, simplemente, insisto en que solo toca una fibra sensiblera para los colombianos, poniendo a la guerrilla de la FARC como el mal peor, cuando la guerrilla en Colombia, no es más que un mal menor, consecuencia de males mayores, de los que este gobierno no se ha ocupado, como la corruptela mafiosa de la política colombiana.
Pero, tercero, tampoco vamos bien, porque es que los valores se trastocaron y se construyen discursos de doble moral, con una perversión bárbara. Nos han convencido, por autoproclamación y no por hechos concretos, de que este es el gobierno de la transparencia, la anti-corrupción, la anti-roscocracia y muchos otros anti-defectos de la política tradicional colombiana. Pero eso es un absurdo. Recuerdo a muchos de mis cercanos furibistas diciendo que el señor Valencia Cossio (Fabio) “es un tramposo, un ladrón, un político corrupto como todos” y eso si, como por arte de magia, se convirtió en un tipo decente, honorable, respetable y hasta buena persona. Pero uno no entiende cómo un gobierno puede ser el anti-corruptela, cuando está conformado, con escasas excepciones, por los mismos políticos de toda la vida: Los Valencia de Antioquia, los Holguín del Valle, los Guerra de la costa, los Gaviria de Antioquia (los mismos del excongresista Pablo Escobar Gaviria), los Zuluaga de Caldas. O por los discípulos de ellos en las Universidades play de Colombia o en las Juntas Directivas de las entidades públicas bien manejadas del país o de las Juntas Directivas de las multinacionales benefactoras de Colombia o de las grandes empresas de los generosos y patriotas empresarios colombianos o, al menos, de los discípulos del culto de los pobres (sí, del opus dei). ¿Cómo puede un gobierno no ser corrupto con ese prontuario?
Y para terminar, como cuarto asunto, no vamos bien porque la desinstitucionalización de las ya bien maltrechas instituciones colombianas que está generando el señor Uribe, agarrando su bárbara popularidad (solo comparable con la de Fujimori, Chavez, Mussolinni, Hitler, Castro, Mugabbe, por supuesto en su momento cada uno), y coptando la constitucionalidad del pais, no puede ser un buen camino. Para concretar esto último solo haré una referencia, una referencia a una situación que no es ni la más grave, ni la más olímpica (aunque no deja de ser una presidencialada de gravedad), pero es la más reciente. Eso de las denuncias en “la casa de nari” y no en la Fiscalía General de la Nación, deja mucho que pensar de la fiscalía, de la presidencia y su circulo cercano, de la justicia, del ejecutivo y del congreso, que seguro no preguntará por nada de nada.

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