La ética si importa. Y en cualquier caso.
Que la Operación Jaque fue un éxito, claro. Que hay quince colombianos menos secuestrados en Colombia, también. Que las fuerzas militares de Colombia tienen preparación para hacer operaciones de inteligencia con inteligencia, ya se vio. Que el señor Uribe es un berraco y le ha dado golpes duros a las FARC, es un hecho. Que las FARC está en graves problemas, no tiene discusión. Todo ello es válido y cada uno de esos hechos puntuales, trae beneficios para el país. Pero, por más y más exitosa, noble, bonita y patriótica que haya sido esa acción filantrópicocastrense, no se puede aceptar que premeditadamente, con permiso del alto mando (incluido el jefe supremo, Álvaro Uribe Vélez), se haya utilizado el símbolo del Comité Internacional de la Cruz Roja.
El CICR no es cualquier cosa más, no es una ONG más, no es una institución cualquiera. La Cruz Roja es una organización que desde febrero de 1863, cuando un pequeño grupo de personajes importantes de la época se reunió para atender una idea de Henri Dunant, ha estado trabajando en medio de la pólvora de las armas para dar auxilio humanitario a los heridos y enfermos que la barbarie produce. Dunant, originario de Gèneve, fue testigo de la batalla de Solferino - pequeño poblado del norte de Italia -, uno de los episodios más relevantes de la guerra por la unidad italiana. En un poblado cercano, él encontró alrededor de 9000 personas heridas y junto con las mujeres del lugar pasó días y noches tratando de proteger la salud de todos ellos, sin distingo de bando.
De eso han pasado cerca de 145 años. Y durante este tiempo, la Organización ha acumulado un capital político de neutralidad y humanitarismo que la convierte en la única institución del mundo con la posibilidad de llegar a cualquier territorio en conflicto y conversar con todos los actores del mismo. Eso no es gratuito: hay historia y una posición clara de neutralidad en el Comité Internacional. Sólo eso, ha logrado que millones de personas en todo el mundo y que miles de colombianos afectados por la permanente violencia en nuestro país y del mundo, hayan salvado su vida.
Que un miembro de las Fuerza Militares colombianas haya portado el emblema de la Organización en una operación, cualquiera sea el carácter de esta, es un asunto grave. Es una cuestión de ética profunda y radical, como debe ser, no de ética acomodada y matizada por criterios políticos, como suele ser. El uso del emblema por parte de los militares o de los milicianos, podría poner en juego las operaciones del CICR por una sencilla razón: el que está en guerra carga con la paranoia en los hombros y que alguien se le aproxime con el peto de la Organización puesto ya no ofrece las mismas garantías de neutralidad de antes. Pero también, es que la institucionalidad debe propender por defender la institucionalidad, no ir en detrimento de ella: un gobierno serio no puede ir por ahí violando derechos internacionales, saltándose acuerdos internacionales, no puede. Un emblema del Comité es como un uniforme del ejercito, de uso privativo y está claro en las reglas del juego, quienes pueden hacerlo y en la lista no están los militares colombianos.
Dice el Ministro de Defensa que la operación no fue armada: ¡ni más faltaba!, más fuera que, además de haber usado inadecuadamente el símbolo, hubieran portado armas acompañándolo. Que no importa el emblema, que lo importante es que los secuestrados están afuera, dicen furibundos los uribistas: pues no, el emblema si importa y, a riesgo de parecer descorazonada mi apreciación, sólo son 15 los exsecuestrados y queda en juego el importantísimo trabajo que hace el CICR en el país (entre enero y marzo de 2008, fueron atendidos 21.800 colombianos pobres y abandonados http://www.icrc.org/WEB/SPA/sitespa0.nsf/html/colombia-update-090608). Que el Presidente es un berraco porque tomó la decisión de implementar la operación y dejó a las FARC peor de lo que han estado en los últimos años, dicen también los furibistas: pues si, pero la voluntad política para enfrentar y resolver los problemas de Colombia (asuntito que ha faltado para lo de la salud y el empleo), no puede sustentarse en arrastrar por el piso la ética que tanta falta hace para que en nuestro país y en el mundo todo marche mejor.
El CICR no es cualquier cosa más, no es una ONG más, no es una institución cualquiera. La Cruz Roja es una organización que desde febrero de 1863, cuando un pequeño grupo de personajes importantes de la época se reunió para atender una idea de Henri Dunant, ha estado trabajando en medio de la pólvora de las armas para dar auxilio humanitario a los heridos y enfermos que la barbarie produce. Dunant, originario de Gèneve, fue testigo de la batalla de Solferino - pequeño poblado del norte de Italia -, uno de los episodios más relevantes de la guerra por la unidad italiana. En un poblado cercano, él encontró alrededor de 9000 personas heridas y junto con las mujeres del lugar pasó días y noches tratando de proteger la salud de todos ellos, sin distingo de bando.
De eso han pasado cerca de 145 años. Y durante este tiempo, la Organización ha acumulado un capital político de neutralidad y humanitarismo que la convierte en la única institución del mundo con la posibilidad de llegar a cualquier territorio en conflicto y conversar con todos los actores del mismo. Eso no es gratuito: hay historia y una posición clara de neutralidad en el Comité Internacional. Sólo eso, ha logrado que millones de personas en todo el mundo y que miles de colombianos afectados por la permanente violencia en nuestro país y del mundo, hayan salvado su vida.
Que un miembro de las Fuerza Militares colombianas haya portado el emblema de la Organización en una operación, cualquiera sea el carácter de esta, es un asunto grave. Es una cuestión de ética profunda y radical, como debe ser, no de ética acomodada y matizada por criterios políticos, como suele ser. El uso del emblema por parte de los militares o de los milicianos, podría poner en juego las operaciones del CICR por una sencilla razón: el que está en guerra carga con la paranoia en los hombros y que alguien se le aproxime con el peto de la Organización puesto ya no ofrece las mismas garantías de neutralidad de antes. Pero también, es que la institucionalidad debe propender por defender la institucionalidad, no ir en detrimento de ella: un gobierno serio no puede ir por ahí violando derechos internacionales, saltándose acuerdos internacionales, no puede. Un emblema del Comité es como un uniforme del ejercito, de uso privativo y está claro en las reglas del juego, quienes pueden hacerlo y en la lista no están los militares colombianos.
Dice el Ministro de Defensa que la operación no fue armada: ¡ni más faltaba!, más fuera que, además de haber usado inadecuadamente el símbolo, hubieran portado armas acompañándolo. Que no importa el emblema, que lo importante es que los secuestrados están afuera, dicen furibundos los uribistas: pues no, el emblema si importa y, a riesgo de parecer descorazonada mi apreciación, sólo son 15 los exsecuestrados y queda en juego el importantísimo trabajo que hace el CICR en el país (entre enero y marzo de 2008, fueron atendidos 21.800 colombianos pobres y abandonados http://www.icrc.org/WEB/SPA/sitespa0.nsf/html/colombia-update-090608). Que el Presidente es un berraco porque tomó la decisión de implementar la operación y dejó a las FARC peor de lo que han estado en los últimos años, dicen también los furibistas: pues si, pero la voluntad política para enfrentar y resolver los problemas de Colombia (asuntito que ha faltado para lo de la salud y el empleo), no puede sustentarse en arrastrar por el piso la ética que tanta falta hace para que en nuestro país y en el mundo todo marche mejor.
Es sencillo. El humanitarismo y la neutralidad del CICR son probos, y no solo en Colombia donde cada dia, desde 1969, un importante grupo de personas está en misión en el terreno llevando un poco de calidad de vida a otro importante grupo de personas: los civiles víctimas del desplazamiento por violencia en nuestro país. Una calidad de vida que el Estado, responsable directo de un mejor vivir para los ciudadanos, no le ha dado a las víctimas – ni el Colombiano, ni ninguno de los demás gobiernos en conflicto - y que el Comité Internacional de la Cruz Roja entrega con convicción y responsabilidad.

1 comentario:
Qué bueno saber que los anti-uribistas no somos tan pocos como las encuestas dicen.
Lamentablemente él no tiene seguidores sino fanáticos que han perdido toda objetividad (si alguna vez la tuvieron) y cuya enceguecida devoción no les deja ver la falta de ética de este Gobierno y la sarta de mentiras que disfraza cada discurso del señor Uribe.
En mi opinión, el fin no justifica los medios y menos cuando esos medios (bastante cuestionables y turbios) los utiliza el propio presidente.
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