miércoles, 3 de enero de 2007

De Sombras Que No Se Pueden Olvidar... (y relaciones que tienen toques mágicos)

Publicado el 2 de Noviembre de 2006 (Escrito por ahí a comienzos del siglo XXI, pero concluído un tiempo después)


Muchos años antes de amarla, la presencia de su rostro ya lograba que toda mi piel se hiciera agua. En su cara había algo que me invitaba a quedarme viéndole. Ahora, sólo unos años después, entendí el misterio: una sonrisa que nunca antes había sentido.


Fueron pasando los años y yo creí que serían sólo compañía para la vida cotidiana, de esas que van más allá con aquellos que se tienen como buenos amigos, y aunque nunca pasamos mucho tiempo juntos, creo que siempre estuvimos cerca. Durante esos años así funcionó.


Cuando se fue el hombre que la tuvo por buen tiempo - y que además fue el motivo para detener el segundo intento por juntarnos - yo llegué con inocencia, sin saber que las cosas entre ellos se habían terminado, pero sospechaba que su vida no era la misma: hacía un buen tiempo no la veía tan libre como en ese momento.


Me cautivó la magia, magia de verdad. La función se construía con tres actos. El primero fue el truco de la sonrisa inolvidable: el rostro de Patricia era uno de los más bellos o, al menos, el más encantador que había visto. Mi cerebro flota cuando sus sentimientos se cruzan: la tristeza y la alegría pueden compartir con armonía un lugar en su rostro, como en ningún otro de los que en mi vida haya visto.


Durante horas podíamos estar juntos. Lo humano y lo divino nos hacía compañía a donde fuéramos. Nunca faltaron las palabras, siempre teníamos algo que decir. Lo nuestro, lo de cada uno y hasta lo ajeno, estaban siempre conectándonos. No hubo desnudez mayor, que la que acompañó siempre nuestras palabras. Si alguna vez mentimos, asumo que la inocencia y la ingenuidad hicieron su trabajo y fue por eso que nunca hubo un reclamo. La palabra, su palabra era el segundo truco de esta presentación.


Nunca supe de algo que la hiciera detenerse, cada cosa que llegaba o se iba de su lugar, si acaso la descomponía un poco, lo necesario no existió en su forma de vivir. Lo que hubo, lo que hay y lo que vendrá, ha dejado y dejará marcas, laceraciones, pero nunca hubo nada que la detuviera y creo que por años, nada la podrá parar. Ella es ella y nada más, se basta y se sobra. Es libre, es natural. Capturó en su corazón la libertad, ahí la tiene guardada y cada que lo necesita echa mano de ella para vivir su vida, la propia. Ese, el tercero, es el mejor truco para cerrar unos días de magia.


La sonrisa inolvidable, las palabras permanentes y la libertad arrasadora, me reducen a enamorado, me meten en la idea de seguir a su lado mientras la fantasía siga viva.


(...ha pasado del tiempo...)
Sigue siendo igual, mis arrebatos de amor apasionado siempre han salido a flote y como siempre a destiempo. Si me fui de su corazón, no era lo que yo buscaba, de verdad que no. Si es la razón, la que está haciendo lo que le corresponde, sólo espero que algún dia pueda volver a ver su sonrisa. Seguro evitaré no abrir tanto la boca.

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