miércoles, 3 de enero de 2007

No Escupo Veneno. De víbora pocón, pocón...

Publicado el 3 de Noviembre de 2006


Si, yo sé que a veces hablo más de la cuenta, pero ¿qué hacer? Es mi naturaleza. Si me lo preguntás te respondo; si me lo decís en la cara, te contesto; si lo publicás, pues opino. No se trata de pontificar, no, por fortuna, de pontífice no tengo nada. Tampoco te juzgo, no lo hago, nunca lo hago, que juzguen quienes no cometen errores y yo, algo tengo de ser humano. Si abro la boca, es porque me importa, me interesa lo que hay afuera de mi piel, podría callarlo todo, como si no importara, como si no me afectara, pero ¿qué sentido tiene?


Tus muertes y tus vidas, tus amores y desamores, tu buen dia y también el no tan bueno, tu pecado y tu redención, tu enfermedad y su cura, tus angustias y alegrías, tu tristeza y tu felicidad, todo eso que me importa, todo eso que tenés me importa y te escucho y te escucho y te digo lo que pienso y lo que siento. Es que además del hombro, tengo ideas; además de pañuelo, tengo cerebro; además de oído, tengo corazón – y se arruga de cuando en cuando – y también, a veces tengo rabia.

Yo también he tenido y tengo mis pesares, también me pesa la vida, es que no es fácil, pero para eso estamos: para ir pasando. Cuando era pequeñito e intentaba comerme la calle a pedalazos y, con mucho desequilibrio, terminaba mordiendo el pavimento, siempre hubo alguien ahí cerca que me ayudara a levantarme y me animaba a que siguiera (realmente, ahora que lo pienso bien, por ese tiempo me animaba a arrancarle al asfalto una marca más para lucir en mi cuerpecito), siempre había alguien ahí, al lado, casi obligándome a hacer lo que no era capaz de hacer, pero bueno, al menos alguien me acompañaba, alguien me hablaba. Al final, aprendí a no caerme de la bici.


Dicen por ahí que las palabras son peores que los mismo hechos, yo no creo en eso... bueno, no lo creo mucho. Es que si son decires de quien te quiere, de quien te ama, seguro no vienen cargadas de nada diferente que de amor, pueden ser duras pero no te están trantando de joder; si son palabras de algún extra de esta película que es la vida, pues no tienen mucha importancia, pueden pasar y no transformarán el mundo, no transformarán tu mundo. Las palabras no son peores que el beso que nunca se dio, ni que el abrazo que falta por recibir, ni que la llamada que nunca se hizo, ni que muchas otras omisiones y olvidos.


Así que, cuando te responda, cuando te conteste, cuando opine, cuando te hable, tené presente que lo hago con el poco amor que me queda para darte. Creé que frente a eso, el enojo no tiene cabida: el mundo es más difícil que unas pocas palabras cargadas de buenas intenciones, de buenos sentimientos.

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