SI ES DE ROCK, ES BUENA NOCHE
Publicado el 12 de Septiembre de 2006
Aunque el rock, según se sostiene por parte de muchos rockeros, es una cuestión de actitud, las guitarras aquellas estridentes, gordas y llenitas, hacen mucha falta en el sonido del género. Aunque siempre lo he creído, lo voy reconfirmando poco a poco, como me sucedió con el Ahí Vamos Tour hace unos días.
¡Como suena Cerati con una banda que incluye una guitarra más! Fue magnífico, sonó a rock, se vió rock. Que espectáculo es presenciar a un artista rock-pop de la talla de Cerati - maravilloso guitarrista, por demás - acompañado por un personaje mucho más rock que él como Richard Coleman con una guitarra en sus manos, por un baterista de tanto recorrido – no sólo en el rock y el pop sino en otros géneros musicales y en proyectos experimentales – como Fernando Salamea y de dos jóvenes con una energía rockera a flor de piel, que fue lo que demostraron Leandro Fresco – en teclados y otros juguetes – y Fernando Nalé – en el bajo -.
Ese sonido fuerte y guitarrero que presenta Cerati en el Ahí Vamos y que deja ver un regreso a sus propios orígenes, se convierte, puesto en un escenario, en una exquisita muestra de lo que lleva por dentro el rock: pasión, amor, poesía, color, elegancia, entre muchas otras sensaciones que sólo los que amamos esta música hemos podido sentir.
Pero además fue afortunado haber compartido con Cerati y su banda una noche de rock con la complicidad de un oscuro bosque, de una luna que - ya menguando – hizo su aparición con los artistas, de algunas aves nocturnas que se paseaban incluso por el escenario y de una buena cantidad de almas que recargaban energías con cada sonido, con cada palabra.
Lo que sé es que yo lo disfruto mucho y no queda más que esperar que este año se pasen por acá los que aún quedan en la lista de ausentes y que seguro serán tan exitosos como Cerati. Así que no se asusten amigos empresarios y dejen que pasen por estas tierras los Calamaros, los Sabinas, las Julietas y así también poder decirles: gracias por venir.
P.D.Lo que no me explico es cómo ante el ritmo, los acordes, los sonidos estridentes, las palabras pronunciadas y toda la energía que circulaba en el lugar, había gente ahí muy sentadita haciéndose la visita – como en la sala de la casa -, impávidos ante lo que sucedía a su alrededor, como si no supieran porqué estaban en el lugar. Claro, ese no es mi problema, ni mucho menos, y no voy a decir que me aguaron la noche, por supuesto que no, pero si causa curiosidad. Afortunadamente en Medellín hay gente que sin conocer el artista, sin tener ni cinco de ganas de ensordecerse y bailar, es decir, sin alguna motivación aparente, pagan la boleta y hacen que todo eso sea posible y un poco más barato.

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