La patria continúa su marcha
El supuesto básico para que la ciudadanía sea un ejercicio, es que exista la posibilidad y se respete en derecho el disenso, la libertad de opinión y de expresión, la decisión individual. Esa es la esencia de la democracia, con todas las implicaciones que ello trae: que se pueda votar, que se pueda protestar, que se pueda tener acceso a la información y a la educación, entre muchas otras cosas. Y digamos que en eso, las marchas ciudadanas tienen su virtud.
Es interesante también, ver como internet ha generado algunos espacios para la asociación de personas que comparten diferentes intereses en comunidades virtuales – que en ocasiones se materializan en asuntos físicos -, sin embargo también es preocupante encontrar como esos mismos espacios representan la situación actual del país y, desde allí, se han impulsado unos fenómenos sociales demasiado peligrosos. Lo digo con claridad: hace una semana escribía sobre los peligros de la generación espontánea de una sólida sociedad civil que sin tradición, sin costumbre, sin antecedentes, surgió fuerte y con arrojo, y que en un país como Colombia, donde el argumento para dirimir las disensiones ha sido la violencia – desde el mismo origen de la República hasta hoy – y donde la unidad nacional no ha existido, es un paso al vacío.
Mire no más. Ahora surge una nueva marcha, también en contra, esta vez de los paramilitares y de esa existente mano negra del estado y también, para matizar el asunto del odio como sucedió en la del 4 de febrero, en favor de las víctimas de estos otros narcotraficantes asesinos. Surge además como respuesta a la marcha esa del 4 de febrero en contra de las FARC-EP.
Por ello, y retomo mi escrito anterior, sostengo que éstas no son manifestaciones de una sociedad civil crítica, comprometida y solidaria con la realidad de sus conciudadanos, ni siquiera su semilla. Por el contrario creo que son movilizaciones llenas de esnobismo, egoísmo, pendenciería y de patriotismo mediático promovido por el propagandístico gobierno que tenemos. Un patriotismo sólo mediático, porque eso sí, insisto, en Colombia no ha habido y no hay patria, eso no ha existido por lo menos para los que hemos vivido en el país. De repente los que viven en el extranjero si la imaginan, pero por nostalgia.
No ha existido la patria porque somos varias naciones juntadas por un papel llamado constitución. La patria está ausente porque en Colombia no respetamos la diferencia, no entendemos que una cultura es diferente de la otra y no mejor o peor, no nos preocupamos por lo que le pasa al otro – solo al propio carriel o a mi terruñito -, porque el chovinismo de cada región y en particular de los antioqueños nos ha alejado cada vez más a los unos de los demás. Nuestro chovinismo es tal que celebramos el carriel y el poncho de un presidente de una nación, de la patria, de la república, en reuniones de carácter internacional donde debería representar al país y no a su propia cultura montañera.
Es interesante también, ver como internet ha generado algunos espacios para la asociación de personas que comparten diferentes intereses en comunidades virtuales – que en ocasiones se materializan en asuntos físicos -, sin embargo también es preocupante encontrar como esos mismos espacios representan la situación actual del país y, desde allí, se han impulsado unos fenómenos sociales demasiado peligrosos. Lo digo con claridad: hace una semana escribía sobre los peligros de la generación espontánea de una sólida sociedad civil que sin tradición, sin costumbre, sin antecedentes, surgió fuerte y con arrojo, y que en un país como Colombia, donde el argumento para dirimir las disensiones ha sido la violencia – desde el mismo origen de la República hasta hoy – y donde la unidad nacional no ha existido, es un paso al vacío.
Mire no más. Ahora surge una nueva marcha, también en contra, esta vez de los paramilitares y de esa existente mano negra del estado y también, para matizar el asunto del odio como sucedió en la del 4 de febrero, en favor de las víctimas de estos otros narcotraficantes asesinos. Surge además como respuesta a la marcha esa del 4 de febrero en contra de las FARC-EP.
Por ello, y retomo mi escrito anterior, sostengo que éstas no son manifestaciones de una sociedad civil crítica, comprometida y solidaria con la realidad de sus conciudadanos, ni siquiera su semilla. Por el contrario creo que son movilizaciones llenas de esnobismo, egoísmo, pendenciería y de patriotismo mediático promovido por el propagandístico gobierno que tenemos. Un patriotismo sólo mediático, porque eso sí, insisto, en Colombia no ha habido y no hay patria, eso no ha existido por lo menos para los que hemos vivido en el país. De repente los que viven en el extranjero si la imaginan, pero por nostalgia.
No ha existido la patria porque somos varias naciones juntadas por un papel llamado constitución. La patria está ausente porque en Colombia no respetamos la diferencia, no entendemos que una cultura es diferente de la otra y no mejor o peor, no nos preocupamos por lo que le pasa al otro – solo al propio carriel o a mi terruñito -, porque el chovinismo de cada región y en particular de los antioqueños nos ha alejado cada vez más a los unos de los demás. Nuestro chovinismo es tal que celebramos el carriel y el poncho de un presidente de una nación, de la patria, de la república, en reuniones de carácter internacional donde debería representar al país y no a su propia cultura montañera.
A esta marcha del 6 de marzo, tampoco salgo. Me niego a protestar en contra de cualquiera de los actores armados de Colombia porque preferiría que fuera en favor de la reconciliación, de la justicia (incluida la social) y de la paz, pero estas tres no hacen parte de la agenda de la patria, ninguno de esos tres deseos es patriota, entonces no va a suceder. Mientras tanto, sigo preocupándome al ver como este país continúa en la senda de la polarización (mucho antes entre bolivarianos y santanderistas; luego, entre liberales inmorales y conservadores decentes; ahora entre guerrilleros apátridas y paramilitares patriosistas), que definitivamente nos mantendrá en el mismo tono que nos dio origen, en la misma línea en la que estas tierras están sumidas desde algo más que un par de siglos, en eso que definitivamente nos caracteriza: el irrespeto, la intolerancia, la violencia, la guerra. Asuntos que no se transforman aplicando ninguna contra.

1 comentario:
Lo que pasa es que aquí cada uno se preocupa solo por sus intereses. Y erróneamente se piensa que al ir unos en contra de los otros se está ayudando a construir justicia y paz...! Yo tampoco marcho en contra de nada, me uno a la marcha por la paz.
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