miércoles, 3 de enero de 2007

De Cómo Conocí a María (y de cuánto le he amado y deseado)

Publicado el 18 de Septiembre de 2006 (Escrito por allá a finales de los 90)


Había amado a varias mujeres antes, y las había querido, además. También, fácilmente, las había dejado de querer y a algunas de ellas hasta de amar. Dejarlas era cuestión de acostumbrarme a no tenerlas cerca, si las cosas sucedían como siempre, sólo era necesario estar ausente un par de meses y al regreso ya no importaba si serían mías o no. Sin embargo, algunas de ellas han permanecido en mi espíritu hasta esta noche, aún sigo amándolas, todavía las siento cerca, incluso en ocasiones siguen siendo una compañía permanente.


Pero María es un caso diferente, nada ordinario, en lo absoluto normal. La conocí extasiada, creo que eran ciertos buenos tiempos para ella y, aunque siempre la ha acompañado la efervescencia por lo fantástico, su sensibilidad parecía estar en lo más alto de su ser: confiaba por igual en lo humano y lo divino, en lo sobrenatural, lo suprarealista y lo extrasensorial. Yo en cambio, aquél día estaba más árido y escéptico que nunca, de suerte percibía lo que se atravesara por delante de mis ojos.


Esa noche sólo se me ocurrió decir, y creo que únicamente por vulgar y engañosa cortesía: Mucho gusto, me llamo Jacobo, felicidades. Fue mi frase más larga, porque pasado un rato y ante un comentario que pretendía llegar un poco más allá, rompí la cuerda abruptamente con un seco Yo no creo. Esas horas fueron de especial singularidad, porque María es irresistible y, a lo menos, cada hombre que la conoce no puede dejar de mirarla y escucharla durante aproximadamente un minuto (extrañamente es posible que cuando la dejes de ver su imagen se te diluya un poco de la cabeza, pero el primer minuto de encanto casi nunca falla). María es algo más que encantadora.


Pocos días después volví a encontrarla por ahí, estaba un poco menos distraído y algo más atento. Posiblemente hablamos un poco, unos minutos quizás, pero el mejor de todos fue el primero: un minuto de encanto sublime. Creo que mi impresión fue la misma de todos, sólo que esta era la segunda vez que nos cruzábamos. Durante esos días de navidad nos vimos algunas veces y poco a poco comprendí que María no era una mujer normal. Ella tenía esencias especiales, su aroma era diferente a la de las demás flores.


Una anotación: Es cuestión de dejarse llevar, pues sus propias palabras sensibilizan el alma y así es más sencillo usar el olfato.


Si, olía diferente, eso hizo que un tiempo después la amará profundamente, pero además que la quisiera como a nada. Olerla, verla, gustarla, escucharla y palparla, de una manera especial, ha sido algo más que importante, aunque todavía no desisto ante la idea de que todo ello sobrevenga como podría ocurrir con dos personas ordinarias, así no más. Con espiritualidades y carnalidades haciéndose compañía.


Durante estos años, desde la noche aquella, nos hemos dejado y nos hemos encontrado algunas veces. María es especial, definitivamente lo es. Y seguramente por eso debe ser que hoy la amo más de lo que yo mismo creí que pudiera amar a alguien. Pero lo que de verdad hace especial mi historia a su lado es que ella es la única mujer por mí deseada, la única mujer que he querido durante largo tiempo, aún después de un par de meses de ausencia.


Como a Casiopeia con sus estrellas, espero ansiosamente cada vez encontrar a María para disfrutarla, así por fracciones, pues ambas parecen estar a millones de años luz de tenerlas conmigo cada sol y cada luna.


María no me ha permitido acostumbrarme a no tenerla cerca. Esta vez las cosas no sucedieron como siempre.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

dime y si te encontraras a maria justo frente a tu cara.. tendrias el valor de decirle cuanto la amarias.....

me gusta tu historia

Juan David Zapata Agudelo dijo...

Anónimo/ Es que cada María tiene su blogger... puedo asegurar que las Marías del relato saben de los amores que se les profesan...

Anónimo dijo...

Principito!!!!
Que nota poder compartir con vos esto... Esta....excelente, muchas gracias por compartirmelo...
Te mando abrazos.

Juan David Zapata Agudelo dijo...

Pilita...
A vos por la visita por esta casa y, ¡que va! la vida es para compartirla, a veces en canción, a veces en cantaleta...

Juan David Zapata Agudelo dijo...

Pilita...
A vos por la visita por esta casa y, ¡que va! la vida es para compartirla, a veces en canción, a veces en cantaleta...